Sociedad y política (Perú, 1972-1983)
El primer número de Sociedad y Política apareció en junio de 1972, con un comité de redacción integrado por Julio Cotler, Heraclio Bonilla, César Germaná y Ernesto Yépez y Aníbal Quijano, quién además asumió la dirección de la revista. El editorial inaugural de Sociedad y Política llamó a repensar el lugar de la crítica dentro de la izquierda socialista revolucionaria: atravesar la crítica centrada en la denuncia del capitalismo y desplazarse hacia una crítica radical de “las estructuras y el movimiento profundos de este sistema, de sus alternativas y procesos reales de cambio” (1972: 3). Desde esa declaración inicial, la revista se asume como marxista y delinea un proyecto intelectual que durante muchos años intentará articular la práctica intelectual con el pulso de las luchas campesinas, obreras y populares en Perú y Latinoamérica, atendiendo también —según la sensibilidad política de la época— a procesos socialistas y antiimperialistas en otros escenarios globales.
En el Perú de los años 70 la producción impresa de orientación política correspondía casi por completo al trabajo intelectual de grupos de izquierda: una forma popularizada “de hacer política en la cual la palabra impresa desempeñaba un papel crucial” (Aguirre 2007: 174-175). Aparte de la llamada “prensa menor” la revista (como formato y también como mercancía) jugó un rol central en la circulación de diagnósticos, debates y posiciones, en un momento donde la vida cotidiana se percibía como muy próxima a lo político, y donde el horizonte de época estaba atravesado por la expectativa generalizada de una revolución inminente. Así, las páginas de Sociedad y Política, atiborradas con largos artículos escritos en una tipografía mínima, daban cuenta de la urgencia del trabajo intelectual de una generación formada tras la estela de la Revolución Cubana y Mayo del ‘68 en Latinoamérica.
Muchas de las polémicas abordadas en las páginas de Sociedad y Política emergieron con el desarrollo del Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas (GRFA, 1968–1975), la denominada “revolución peruana” encabezada inicialmente por el general Juan Velasco Alvarado durante su primera fase (1968–1975) y continuada bajo una orientación distinta en la segunda fase bajo el mando de Francisco Morales Bermúdez (1975–1980). Dicho gobierno ha sido descrito acertadamente por diversos académicos como una “revolución peculiar” en el panorama Latinoamericano, pues su carácter simultáneamente militar y reformista no impidió la adopción de medidas asociadas a la izquierda. Por ejemplo, la Reforma Agraria de la primera fase del GRFA ultimó las estructuras oligárquicas de tenencia de la tierra mediante un proceso inédito en la historia peruana: la expropiación masiva de tierras rurales y su transferencia a campesinos mediante la creación de cooperativas de propiedad social.
Para el comité de redacción de Sociedad y Política—calificado por el gobierno como parte de la “ultraizquierda”—las reformas del GRFA solo podían entenderse en el marco de una crisis de hegemonía que atravesaba a la burguesía capitalista. Dicha crisis abría la posibilidad de que los sectores reformistas de “autoridad intermediaria” —las Fuerzas Armadas y la burocracia corporativista—, establecieran un proyecto de recomposición vertical del orden burgués. La crisis aparece, en palabras de Quijano, cuando “ninguna de las fracciones burguesas con pretensión hegemónica tienen la fuerza necesaria para imponerse la una sobre la otra, mientras las clases dominadas comienzan a cuestionar la legitimidad de la dominación burguesa entera” (1972: 8). Este doble límite configuraba, en su lectura, un escenario en el que el aparato estatal —y en especial su núcleo coercitivo y técnico-profesional— podía asumir la conducción de la burguesía frente al riesgo de una insurrección total de la sociedad.
Paralelamente a la crítica sobre el carácter vertical y “conciliatorio” del gobierno reformista, los redactores de Sociedad y Política constantemente esbozaban miradas históricas sobre la formación del proletariado peruano, al mismo tiempo que secciones como “La Política y el Comentario” seguían de cerca novedades de huelgas, noticias de la organización sindical y del movimiento de pobladores o conflictos en los procesos de estatización del GRFA. Dicha capacidad de lectura se anclaba en la inserción del comité en los espacios del movimiento popular, pues en paralelo a Sociedad y Política Quijano, junto con intelectuales, trabajadores y estudiantes, Quijano fundó el Movimiento Revolucionario Socialista (MRS). El MRS operó especialmente en dos bases populares: la Comunidad Urbana Autogestionaria de Villa El Salvador (CUAVES), donde tuvo un rol destacado el sindicalista textil Apolinario Rojas, y el Sindicato Unitario de Trabajadores en la Educación de Lima Metropolitana (SUTE-Lima), con la participación del maestro Julio Pedro Armacanqui (Rojas 2018). Así, Sociedad y Política incorporó un emblema rojo con un puño en alto que encerraba de la palabra “Perú”, que más adelante sería adoptado por el MRS en una versión modificada.
Dentro de la revista, las intervenciones gráficas eran mínimas. Podría decirse, según el diagnóstico de Aguirre, que la palabra impresa conformaba el núcleo del proyecto comunicativo e intelectual de la revista. Sin embargo, los colores brillantes de las portadas y la gráfica de las contraportadas apuntan hacia otra dirección. En la época (que ya se trataba de la época de la radio y la televisión) la gráfica política sirvió como un objeto central a la cultura de masas revolucionaria global: las rupturas con el realismo socialista tradicional, las innovaciones formales y el surgimiento de lenguajes visuales que buscaron conectar la gráfica y los medios de comunicación con la lucha antiimperialista (Zolov 2018: 18-19). Las contraportadas de Sociedad y Política —cuyo grueso fue producido por el artista peruano Jesús Ruiz Durand— fueron dedicadas a símbolos revolucionarios: imágenes y citas que homenajeaban a Karl Marx, Ho Chi Minh, Amílcar Cabral, Fidel Castro, Ernesto “Che” Guevara, Augusto César Sandino, entre otros. Así, la revista también forma parte de un corpus material correspondiente a un entramado de imaginarios y medios que dialogaron con la palabra impresa durante los largos sesentas Latinoamericanos. A propósito, no es gratuito que la revista incluya textos ocasionales sobre la función de la plástica en la sociedad, como testimonian las contribuciones de Jesús Ruiz Durand, Mirko Lauer y Roberto Miró Quesada.
Debido a su creciente visibilidad en la esfera pública, el GRFA ordenó el exilio de Quijano y Cotler tras la presentación del cuarto número de Sociedad y Política, el cual denunciaba el golpe militar de Augusto Pinochet en Chile y cuestionaba la represión en las huelgas locales de Siderperú y Paramonga. En noviembre de 1975, cuando la administración de Velasco quedó políticamente aislada y fue desplazada por su sector más conservador, Sociedad y Política cubrió cómo la crisis económica y las medidas adoptadas durante la llamada “segunda etapa” del GRFA dirigida por Morales Bermúdez afectaron a las clases trabajadoras. Esta vez, las páginas de apertura contenían comunicados y pliegos de reclamos de diferentes sindicatos. Hacia 1975, Quijano y Cotler regresaron del exilio y el comité editorial leía la crisis económica y el viraje conservador del régimen como la confirmación histórica de las tesis que venía sosteniendo desde 1972. La entrega del sexto número, publicado en 1976, incorporó cuadernillos adicionales que examinaban el avance del capital y los desafíos que enfrentaba el movimiento popular, a veces desde los propios testimonios de sus dirigentes.
El final de la década del 70 estuvo marcado por el auge de movilizaciones que culminaron en el Paro Nacional de 1977, el fracaso de la izquierda parlamentaria de formar un frente único y la transición democrática con el segundo gobierno de Fernando Belaúnde (1980-1985). En esos mismos años, las contraportadas dejan de desplegar la gráfica revolucionaria de la etapa anterior y pasan a estar ocupadas por textos, aproximándose más al aspecto de una revista académica. En este contexto, Sociedad y Política examinó la desmovilización del movimiento obrero y reafirmó la necesidad de una estrategia socialista de movilización directa de las masas y organización de las bases. Los números de inicios de la década del 80 profundizan esta lectura, cuando la revista diagnostica cómo la recomposición del régimen Belaundista y la política económica liberal estrechan el margen de acción de los trabajadores. Finalmente, en 1983, ante una crisis económica más profunda y una izquierda globalmente disminuida, Sociedad y Política insiste en que solo un movimiento autónomo de trabajadores y sectores populares —capaz de reconstruir su poder político “desde abajo” y fuera de las mediaciones burocráticas— puede abrir un horizonte estratégico en medio del avance del autoritarismo.
Referencias
Aguirre, C. (2007). Cultura política de izquierda y cultura impresa en el Perú contemporáneo (1968–1990): Alberto Flores Galindo y la formación de un intelectual público. Histórica, 31(1), 171–204.
Quijano, A. (1972, junio). Imperialismo y capitalismo de Estado. Sociedad y Política, (1), 5-18.
Rojas, R. (2018, 12 de junio). Aníbal Quijano y los historiadores. El Búho. https://elbuho.pe/archivo/2018/06/12/anibal-quijano-y-los-historiadores/
Sociedad y Política. (1972, junio). Sociedad y Política [Editorial]. Sociedad y Política, (1), 3-4.
Zolov, E. (2014). Latin America in the global sixties. The Americas, 70(3), 349–362.
