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Leninismo

Jaime Vicente Chuchuca Serrano

Vladimir Ilich Uliánov, Lenin (1870-1924), es el creador de un inmenso corpus teórico y el principal estratega de la revolución rusa. Las interpretaciones y recepciones de las obras de Lenin son de lo más diversas y no existe unificación al respecto. Lo mismo sucede con el llamado leninismo, o más bien, debería escribir leninismos, porque existe una pluralidad teórica de conceptualizaciones y escala cromática de tonos de poder. En vida, según Wallerstein, Lenin habría dicho que él no es leninista (2013); lo que llama la atención a lo que se trata cómo leninista, cuanto a la valoración de la compleja concepción que produjo Marx. Esto recuerda también a cómo Marx cuestionaba lo que en su momento se denominaba marxismo (Carta de Engels a Conrad Schmidt, 5 de agosto de 1890; Engels, 2000). Estas nociones epistémicas de estos autores apuntan a su crítica a los sistemas categoriales cerrados y totalizadores como el hegeliano. Pero así también a la formación histórica de las categorías y conceptos, lo que no excluye las genealogías. Las teorías como -ismos, que se forman como dispositivos, luchan por diferentes hegemonías geográficas. En este caso, un punto de inicio, es comprender la situación histórica, económica, política, cultural y del desarrollo del pensamiento en la Rusia zarista, revolucionaria y postrevolucionaria, y de sus organizaciones sociales internas, y así por el estilo de cada época en la que se explore el concepto de leninismo.

El vocablo Lenin, habitante de las orillas del Río Lena, nos conduce a la mirada histórica de los revolucionarios rusos desterrados, y como tal, a la vocación práctica, a la valentía del enfrentamiento al zarismo; por contradicción al vocablo Volguin, el habitante de las orillas del Río Volga, para referirse a los intelectuales y marxistas legales. Al mismo Plejánov se le llamaba así, Volguin. Esto da pie para la distinción entre los métodos y las actividades políticas prácticas, incluidos los riesgos de vida y la clandestinidad. No obstante, esta es una de las referencias menos usadas en la comprensión teórica, aunque nos ambienta en el teatro de acontecimientos de eso días.

Una de las determinaciones del leninismo está atada a la vida del mismo Lenin, a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, con la escritura de varios libros, numerosos artículos y cartas. Una capacidad de trabajo teórica abundante y disciplina pocas veces vista en otros líderes políticos. El Grupo para la Emancipación del Trabajo, colectivo en el que trabajó Lenin, fue muy importante para la elaboración de las ideas marxistas y la contraposición contra el liberalismo y diferentes vertientes socialistas. La fundación del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR) de 1898 es un punto de confluencia y discrepancia para diferentes paradigmas rusos. Lenin aprovecha las pugnas internas del movimiento revolucionario ruso para que sus propuestas teóricas y estratégicas orienten los caminos en construcción. En estas direcciones, son importantes los debates y las distinciones que hace Lenin sobre el capitalismo mundial, de los países avanzados y el de Rusia; entre el marxismo revolucionario en contraste al populismo revolucionario ruso, al marxismo legal, al economicismo, a los bernstenianos, etcétera. 

Aquí surgen muchos artículos y obras como El Desarrollo del Capitalismo en Rusia [1899] (1981b) que lo termina en la cárcel (apela a El Capital para estudiar a Rusia, sobre todo el Tomo II), el artículo ¿Por dónde empezar? [1901], los libros el ¿Qué hacer? [1903] (1982b), Un paso adelante, Dos pasos atrás [1904] (1982a), Las Dos Tácticas de la Socialdemocracia en la Revolución Democrática [1905] (1982c), sobre la organización revolucionaria, así como las contiendas internas en el POSDR que quedan registrad en notas y en actas. Serán memorables las polémicas de Lenin y los líderes socialdemócratas rusos (como Struve, Martynov, Plejánov, Mártov, Parvus, Trotsky y tantos otros) por la organización revolucionaria, la preparación de los órganos del partido y las masas, los Congresos y Conferencias del Partido, la división entre bolcheviques (mayoría) y mencheviques (minoría), por los Estatutos y Programas. Las articulaciones del bolchevismo se convirtieron en una referencia directa al grupo político comandado por Lenin, que argumentaba el carácter de clase de la revolución, el uso de los medios legales e ilegales para combatir la autocracia zarista.

Ya sea en la propaganda, en las actividades de calle, con noticias sobre la cárcel y el destierro, pseudónimos, se levantó la figura emblemática de Lenin. La personalidad de Lenin y el bolchevismo se asoció con el criterio de la habilidad política y de combate a las tendencias liberales burguesas dentro de la socialdemocracia. Para Lenin el discurso lógico, los debates, las polémicas teóricas, la acción política audaz, tenían que ir con el desarrollo tecnológico de los tiempos, superar los métodos artesanales y construir la organización de revolucionarios profesionales. Uno de los objetivos de Lenin: la creación de una red de imprentas, periódicos, revistas y publicaciones en Rusia y en el extranjero, como una forma de garantizar la conciencia revolucionaria del movimiento revolucionario, la organización del partido y la misma revolución. Los periódicos como Iskra, VPeriod, Proletari y otras publicaciones lograron la fama de guías políticos; pero no sin vicisitudes: un proyecto que marchaba bien caía en las manos del oportunismo o era desarticulado por el zarismo, y tenía que ser reemplazado por otro. Es la historia de la Iskra bolchevique y más tarde menchevique.

El período revolucionario entre 1905 y 1907 es sumamente rico para Lenin, en el que perfila su cambio de estrategia, la operación política, militar, insurreccional, la guerra de guerrillas y la experiencia de los órganos de poder, como serán los Sóviets. El Prefacio de Lenin de 1907 a la colección Doce Años es un buen resumen del debate teórico desde 1895 (Uliánov, Prólogo a la recopilación en 12 años, 1983b). Después de la insurrección, el Zar Nicolás II se vio en la necesidad de convertir la Duma en espacio legislativo. La Primera y Segunda Duma tuvieron vida efímera, la Tercera (1907-1912) y Cuarta Duma (1912-1917) cumplirían sus períodos completos. Los bolcheviques impulsaron el bloque de izquierda de las diferentes organizaciones revolucionarias rusas. La participación electoral como táctica será otro punto de debate. Tras los años de la revolución, el POSDR comprobó —a pesar de la escisión— su unidad, organización y continuidad, frente a los socialrevolucionarios, pero también frente al partido kadete (el Partido Democrático Constitucional). Esto se debía, según Lenin, a las condiciones objetivas de la clase obrera para la organización de revolucionarios profesionales en toda Rusia. 

Igualmente, para Lenin la organización de revolucionarios profesionales había superado la política de círculos que era necesaria en su momento. Los conceptos de Lenin se construyeron al calor de los giros históricos, y que se imprimieron en la tríada de la propaganda, agitación y organización. Es el caso del programa agrario del POSDR, que Lenin consideraba limitado por la gran fuerza que el movimiento campesino había mostrado en la revolución. Antes y después de este período revolucionario, Lenin criticaba a los mencheviques y otros grupos porque el oportunismo teórico pasó al oportunismo táctico: limitar los programas socialdemócratas para no sembrar el pánico en los liberales burgueses. Los bolcheviques, por su parte, boicotearon la Duma de Bulygin y de Witte, mientras los mencheviques dudaban o hacían alianzas como en la Duma de Witte. En la primera Duma los bolcheviques querían un Comité Ejecutivo de la izquierda y denunciaban la política kadete, los mencheviques apoyaron a un ministerio. En la segunda Duma los bolcheviques impulsaban el bloque de izquierda, los mencheviques llegaron a una alianza con los kadetes (Uliánov, 1983b). Lenin criticaba esta tendencia pequeñoburguesa, como tendencia de derecha dentro de la socialdemocracia rusa e internacional. Del otro lado, se criticaba a Lenin por su radicalismo político. 

La distinción geográfica de Lenin, entre Europa Occidental y Europa Oriental, ubicando en esta última a Rusia y a otros países, es tan importante para su método y creatividad teórica, como para su crítica de los marxistas y socialdemócratas occidentales. Esta demarcación sería tomada por algunas organizaciones revolucionarias e intelectuales de los países subordinados. El largo destierro de los revolucionarios rusos, entre los que estaba Lenin, a otros países de Europa, construyeron una reorientación global de los sucesos, así como remarcaron las diferencias de lo que sucedía en Rusia. La base de operaciones en el extranjero, para Lenin, era fundamental para la elaboración política y la actividad práctica dentro de Rusia.

Entre 1908 y 1909 hay un interesante debate filosófico dentro del POSDR, época en la que surgirá la obra de Lenin Materialismo y Empiriocriticismo [1909] (Uliánov, 1983a), en la que critica la visión de Bogdánov y otros. En esta obra entra en juego la interpretación de Lenin de la filosofía de Marx y Engels para refutar el empiriocriticismo. Lenin explora la teoría del conocimiento del materialismo como teoría del reflejo y explica el “materialismo dialéctico” tomando el concepto de Engels, y que no era de uso de Marx, así como aborda el materialismo histórico. Lenin encuentra las posiciones partidarias en la filosofía y en las ciencias, anotando las distinciones entre el materialismo y el idealismo modernos, y los partidos de término medio. Este debate también era partidario dentro del POSDR. Como hecho conectado, en el POSDR algunos querían retirar a los diputados socialdemócratas de la Duma, los “otzovistas”, liderados por el mismo Bogdánov. Después de la expulsión, Bogdánov regresaría con los bolcheviques solo pasada la revolución de 1917. Aclarado el panorama filosófico, Lenin nuevamente regresó a ocuparse del problema de la estructura capitalista agraria en Rusia; cuestión de gran importancia también para los autores latinoamericanos.

El trabajo de Lenin entre 1911 y 1912 se concentra en la organización de los bolcheviques y le dedica gran tiempo a la educación, las escuelas de formación en el extranjero y Rusia, a la correspondencia y a la actividad periodística a través de mecanismos clandestinos. En las Conferencias y Congresos del POSDR hay intentos de unidad de los bolcheviques y mencheviques. Sin embargo, en la Conferencia de Praga de 1912 los bolcheviques de declaran partido como POSDR (b); así se delimita mucho más la línea organizativa. Lenin se dedica a analizar históricamente el desarrollo de la socialdemocracia y los liberales, queriendo encontrar tendencias. En abril se funda el periódico Pravda (Verdad) en San Petersburgo, que continuará hasta después de la Revolución de 1917 como órgano bolchevique. El trabajo en las escuelas del partido le hace resumir posturas claves en textos como Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo [1913] (1984a) y El derecho de las naciones a la autodeterminación [1914] (1984d). Para Lenin es importante definir la estrategia de los diputados bolcheviques en la Duma y su trabajo con el resto de la socialdemocracia. 

En 1914, tras estallar la Primera Guerra Mundial, esta se convierte en un elemento clave del análisis de Lenin. Estudia sus causas y efectos. En sus obras Tareas de la socialdemocracia revolucionaria en la guerra europea [1914] (1981b), La Bancarrota de la II Internacional [1915] (1984c), El Socialismo y la Guerra [1915] (1984b), Lenin ya aborda el concepto del imperialismo, y tiene la idea de transformar la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria; además que ya se había expuesto en el Manifiesto de Basilea. Este se convierte en uno de los argumentos para la izquierda de la socialdemocracia rusa e internacional, y lo aborda la Conferencia de Zimmerwald (1915). Entre 1915 y 1916 Lenin escribe El imperialismo, fase superior del capitalismo, publicado en 1917. En los cuadernos preparatorios y en esta obra, Lenin anota la situación de dependencia, además de las guerras y revoluciones de las colonias en los diferentes continentes. Esto impulsa su interpretación de las probabilidades de la revolución en Rusia. Además, Lenin aborda los problemas de las naciones en la recomposición mundial con la teoría del derecho a la autodeterminación de los pueblos. En el transcurso de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) Lenin polemizó en Rusia y Europa Occidental sobre la teoría de la revolución, el socialismo, el Estado, en medio de lo que preparaba varias obras como El Estado y la Revolución [1918] (1986).

La posición de los socialistas, socialdemócratas y marxistas europeos sobre la Primera Guerra Mundial fue crucial y Lenin jugó un papel fundamental. El nudo principal del debate devino de apoyar la paz entre los países y la revolución dentro, o el apoyo obrero a los ejércitos de cada país o imperio, esto último Lenin catalogó como una contradicción con el Internacionalismo Proletario. Previamente a este debate, había una cuestión teórica en Europa, desde la época del mismo Marx, y era si la revolución podía estallar solo en los países capitalistas desarrollados o en los países atrasados, en el sistema de colonias. Varios teóricos marxistas de la Europa Occidental acordaron en que la revolución socialista solo podría estallar en el capitalismo avanzado (posición que se acercaba a la del “pueblo elegido”, más tarde reconvertido en el eurocentrismo). 

La posición de Lenin polemizó con esta visión y dentro de la misma socialdemocracia rusa, que pensaba en las fases de la revolución primero como democrática burguesa, para después pasar a la revolución socialista. Según Lenin había que aprovechar la revolución democrático burguesa y convertirla en revolución proletaria socialista. Para eso, analizó profusamente la situación de los imperialismos en la guerra, lo que llamó la etapa monopólica del capitalismo, y las revoluciones, sublevaciones y huelgas de los países coloniales, periféricos, los eslabones de las cadenas imperialistas en Europa, América, Asia, África. De modo geográfico, Lenin explicó la potencia revolucionaria que emergía en las regiones subordinadas y coloniales. En acto, la teoría que parecía meramente libresca, se proyectó sobre el mundo periférico, como en Latinoamérica.

Los diferentes tipos de leninismos

Las Revoluciones Rusas de 1917 modificaron la comprensión teórica. La revolución de febrero de 1917, bautizada como democrática burguesa, apoyada por los socialdemócratas, marxistas legales, aunque deponía al Zar, mantenía relaciones entre las élites y el zarismo, y la guerra en medio de la feroz hambruna. Tras la abdicación del Zar Nicolás II, primero asumió el poder el príncipe Gueorgui Lvov (marzo-julio), apoyado por los kadetes y algunos socialrevolucionarios. Al caer Lvov, Aleksandr Kérenski lo reemplazó como primer ministro, pero duraría muy poco, hasta octubre. En medio de la revolución burguesa, Lenin proponía la revolución socialista bajo la alianza de los obreros y campesinos, comandada por la vanguardia revolucionaria, y las consignas: “Todo el poder a los sóviets” y “Pan, tierra y paz”. Por iniciativa de Lenin, el ala bolchevique se convirtió en el Partido Comunista Ruso Bolchevique (PCRb). Los artículos de Lenin, las Cartas desde Lejos, las Cartas de abril, además de sus obras, analizaban la revolución y sus escenarios. Lenin planteó el concepto de la dualidad de poderes: el poder de la burguesía y el poder del proletariado en los soviets. Un problema que sería debatido más tarde por varios teóricos latinoamericanos. Estalló la Revolución de Octubre y los bolcheviques fueron ganando espacio, como lo explicará Lenin en sus artículos y resumirá en varias obras como la Enfermedad Infantil del Izquierdismo en el Comunismo [1920] (1987). En este contexto, Lenin se detenía en la teoría y la práctica de la revolución, la estrategia de la insurrección, la organización preparada al calor de la lucha social, lucha política y de la guerra.

De la lucha de Lenin por el triunfo de la revolución, se pasará a la temática de la construcción del socialismo; la destrucción del Estado y el levantamiento de uno nuevo, decía en El Estado y la Revolución [1918] (1986a). Toda esta construcción se verá reflejada en los discursos, artículos y debates de las publicaciones revolucionarias. La figura de Lenin adquirió mayor importancia internacional. Entre 1918 y 1923 se despliega la guerra civil interna en Rusia, como resultado de la revolución y contrarrevolución, entre el Ejército Rojo y el Ejército Blanco. El programa de Lenin de la Nueva Política Economía (NEP) de 1921, analizaba una crisis interna de Rusia, hambre y desarticulación social, por lo que requería un regreso a la producción capitalista, pero comandada por el Estado, es decir, un capitalismo de Estado. Consideraba la existencia de formas precapitalistas de producción, junto a las capitalistas y las nacientes socialistas a través del nuevo poder de los Soviets en el Estado. 

La muerte temprana de Lenin en 1924, tras el deterioro de su salud después de un atentado, marcará aún más las disputas internas dentro del PCRb, así como del mismo Estado soviético. Surge un leninismo postmortem dentro de la misma estructura soviética, la famosa pugna por la dirección de Trotsky y Stalin, en la que saldrá ganador este último. Se marcarán distancias entre diferentes leninismos: el leninismo de Trotsky, de Bujarin, de Zinóviev, de Stalin, hasta imponerse el de Stalin, como Los Fundamentos del Leninismo [1924] y las Cuestiones del Leninismo [1926] (Stalin, 1979). (Se le atribuye a Zinóviev la frase: “Lenin ha muerto. ¡Viva el leninismo!”; (Brohm, 2007). Pero también dentro de la URSS, la creación de manuales y resúmenes esquematizarán el marxismo y el leninismo, esto influyó mucho en Latinoamérica, sobre todo en el mecanicismo. La III Internacional se consagró como esa estructura comunista internacional que trató de garantizar la unidad de doctrina y de práctica comunista subordinada al Estado soviético, incluyendo la relación y organizaciones de las secciones en el resto del mundo como en América Latina. Después de la vitoria de la URSS sobre el nazifascismo, se profundizó más aún la figura de Stalin. Los leninismos tras la muerte de Stalin en 1953 adoptan otras rutas y tienen diferentes quiebres, por el XX Congreso del PCUS y otros, por cada camarilla en el poder desde Jrushchov a Gorbachov. También dentro de la URSS hubo una disputa crítica sobre el leninismo, como diría Lukács (2007), antimecanicista.

El Lenin que llega a América Latina adquiere diferentes formas, incluyendo características legendarias, míticas. Las relaciones institucionales de la III Internacional y la organización de los partidos, de los órganos de los partidos, la construcción del sindicalismo revolucionario y organizaciones sociales se vestirá de diferentes leninismos. Así también se abrirán combates hegemónicos entre estos (incluyendo la IV Internacional, Trotsky arriba y es asesinado en México). Se pueden recrear distintas periodizaciones de las apropiaciones de Lenin en el siglo XIX, XX y XXI. La apertura editorial y de redes de imprentas, la construcción cultural alrededor de Marx y Lenin, difundieron el pensamiento asociado a los marxismos y leninismos. La situación histórica latinoamericana, las rebeliones y revoluciones, se convirtieron en causas para la irradiación de Lenin. Las revoluciones nacionales, populares, fueron un impulso para el leninismo. La revolución cubana se convirtió en un paradigma, y en un eje articulador del pensamiento revolucionario y el leninismo. El antiimperialismo y la autodeterminación, las formas de organización y el método de abordar los problemas, son aportaciones de Lenin que cobran gran fecundidad en América Latina; estas se expresan en las organizaciones revolucionarias, los partidos, las guerrillas, movimientos indígenas y campesinos, de estudiantes y jóvenes, de mujeres.

Una de las enseñanzas de Lenin fue que los países, naciones y pueblos periféricos podían hacer la revolución. Igualmente, que el obrero podía interpretar su país, su pueblo; que podía organizarlo en la situación concreta, valorando las condiciones objetivas y subjetivas. Los intelectuales latinoamericanos recogieron a Lenin desde distintas perspectivas, ortodoxas y heterodoxas, como estratega y líder revolucionario, como estudioso de la política y la economía, de la filosofía, del imperialismo y la guerra, de la organización y el Estado, y una gama extensa que combina la historia y la cultura propia. El debate se amplió de la teleología histórica, a la precisión del estudio histórico. Después de mediados del siglo XX, Lenin se convierte también en una novedad para la investigación teórica, tras la explosión editorial en español de las Obras Completas, Obras Escogidas, obras sueltas, borradores, manuscritos y correspondencia. Regresan las interrogantes para los autores latinoamericanos sobre el método de Lenin, su creación problemática, proyecciones y soluciones; el análisis concreto de la situación concreta, el estudio de la historia y de la coyuntura, como una aplicación de las ciencias sociales. La producción intelectual latinoamericana está llena de vicisitudes, persecuciones, exilios (Chuchuca, 2005). 

La división de los partidos socialistas y comunistas, el conflicto chino-soviético, la aparición de los maoísmos, guevarismos, hoxhismos, nuevas escisiones, la guerra de Vietnam, las corrientes nacional populares, las reivindicaciones institucionales de derechos, las guerrillas, los eurocomunismos, así como la crítica a los socialimperialismos, cambiaron también las interpretaciones de los leninismos en Latinoamérica. La inclusión de enfoques críticos en los abordajes de las obras de Lenin (y de Marx) crean argumentos heterogéneos en los autores latinoamericanos, pero también coincidencias: algunos participan de las interpretaciones hegemónicas y otros escapan de estas. Por citar algunos nombres, son importantes las visiones de Víctor Raúl Haya de la Torre (Perú), José Félix Reinaga (Fausto Reinaga) (Bolivia), Lázaro Cárdenas (México), Alonso Aguilar Monteverde (México), José Consuegra (Colombia), Manuel Guillermo Rodríguez (Colombia), Rómulo Betancourt (Venezuela), José Rafael Núñez Tenorio (Venezuela), Heinz Rudolf Sontag (Venezuela), Vladimir Acosta (Venezuela),  Rodney Arismendi (Uruguay), Carlos Cerda (Chile), Marta Harnecker (Chile), Tomás Moulian (Chile), Theodonio do Santos (Brasil), Vânia Bambirra (Brasil), Óscar del Barco (Argentina), René Zavaleta Mercado (Bolivia), Álvaro García Linera (Bolivia). Así como los cubanos Carlos Rafael Rodríguez, Roberto Fernández Retamar, Thalía Fung, Fernando Martínez Heredia, Jesús Díaz. El español mexicano Adolfo Sánchez Vásquez. Además, en la poesía un Pablo Neruda (Chile), Vicente Huidrobo (Chile), Roque Dalton (El Salvador). Pero también autores más actuales, que incluyen las recepciones, de Atilio Borón, Néstor Kohan, Jaime Ortega (Ortega, 2017; 2024; Starcenbaum, 2022). 

Obviamente, las investigaciones sobre Lenin y los leninismos variarán tras la caída del Muro de Berlín y la URSS. Esta situación modificará las construcciones teóricas tanto dentro de las exrepúblicas soviéticas, como del resto de países. En Latinoamérica, por los levantamientos indígenas y populares, por las movilizaciones, y a pesar de las escisiones internas de las organizaciones revolucionarias, sobrevivió Lenin. En la época de los giros progresistas latinoamericanos de fines del siglo XX y de las primeras décadas del siglo XXI, —aunque no tuvieron como centrales ni a Marx, ni a Lenin, ni a los marxismos—, se abrieron rutas también para repensar a Lenin en el siglo XXI, a más de un siglo de su vida y su muerte.

Referencias

Brohm, J. M. (2007). Prefacio de J. M. Brohm. En G. Lukács, Georg Lukács (pp. 15-29). Ediciones RYR.

Chuchuca, J. (2005). Lecturas sobre Lenin en América Latina [Tesis de doctorado no publicada]. Universidad Nacional de La Plata.

Engels, F. (2000). Carta de Engels a Conrad Schmidt, 5 de agosto de 1890. Marxists Internet Archive. https://www.marxists.org/archive/marx/works/1890/letters/90_08_05.htm

Lukács, G. (2007). Lenin. Ediciones RYR.

Ortega, J. (2017). Órbitas de un pensamiento: Lenin y el marxismo en América Latina. Latinoamérica. Revista de Estudios Latinoamericanos, (65), 227-255.

Ortega, J. (4 de febrero de 2024). El Lenin del marxismo latinoamericano. Jacobin Revista. https://jacobinlat.com/2024/02/el-lenin-del-marxismo-latinoamericano/

Stalin, J. (1979). Obras escogidas. Nentori.

Starcenbaum, M. (2022). Marta Harnecker: La pedagogía del marxismo. Universidad Nacional General Sarmiento.

Uliánov, V. (1981a). Obras completas: Tomo 3. El desarrollo del capitalismo en Rusia. Progreso.

Uliánov, V. (1981b). Tareas de la socialdemocracia revolucionaria en la guerra europea. En Obras completas: Tomo 26 (pp. 1-7). Progreso.

Uliánov, V. (1982a). Las dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática. En Obras completas: Tomo 11 (pp. 1-138). Progreso.

Uliánov, V. (1982b). ¿Qué hacer? En Obras completas: Tomo 6 (pp. 1-203). Progreso.

Uliánov, V. (1982c). Un paso adelante, dos pasos atrás. En Obras completas: Tomo 8 (pp. 195-438). Progreso.

Uliánov, V. (1983a). Materialismo y empiriocriticismo. Progreso.

Uliánov, V. (1983b). Prólogo a la recopilación en 12 años. En Obras completas: Tomo 16 (pp. 99-118). Progreso.

Uliánov, V. (1984a). La bancarrota de la II Internacional. En Obras completas: Tomo 26 (pp. 219-280). Progreso.

Uliánov, V. (1984b). El derecho de las naciones a la autodeterminación. En Obras completas: Tomo 25 (pp. 271-340). Progreso.

Uliánov, V. (1984c). El socialismo y la guerra. En Obras completas: Tomo 26 (pp. 325-373). Progreso.

Uliánov, V. (1984d). Tres partes y tres fuentes integrantes del marxismo. En Obras completas: Tomo 23 (pp. 41-49). Progreso.

Uliánov, V. (1986). El Estado y la revolución. En Obras completas: Tomo 33 (pp. 1-126). Progreso.

Uliánov, V. (1987). El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo. En Obras completas: Tomo 41 (pp. 1-108). Progreso.

Wallerstein, I. (3 de diciembre de 2013). Immanuel Wallerstein sobre Lenin y el leninismo, hoy (G. Jingyu, Entrevistador). Nángara Marx. https://nangaramarx.blogspot.com/2013/12/immanuel-wallerstein-sobre-lenin-y-el.html